viernes, 30 de noviembre de 2012

Puntualidad.

Todo apunta a un punto de no-calles-retorno y esto no me deja más opción que definir el punto, punto por punto:

punto

    1. m. Señal de dimensiones pequeñas que,por contraste de color o de relieve,es perceptible en una superficie. 
    2. Signo ortográfico (.) con que se indica el fin del sentido gramatical y lógico de un periodo o de una sola oración:
    después de punto siempre se escribe mayúscula. 
    3.Signo ortográfico que se pone sobre la i y la j, y con el que se forma la diéresis (ü).  
    [Puntos suspensivos que indican que estoy loco, pero no hasta el punto de poner 48 puntos] [...] 
    46. hasta cierto punto loc. adv. En alguna medida,no del todo:
    hasta cierto punto,tiene parte de razón. 
    47.  poner los puntos sobre las íes loc. col. Poner en claro una situación o la forma de hacer algo.  
    48. punto por punto loc. adv. Con detalle:
    repasó la lista de la compra punto por punto.
[...] versión 2 punto 0 

Ahora que os la he reproducido punto por [...] punto, tendré que poner los puntos sobre las íes, pero solo hasta cierto punto.

punto

    1. m. Señal de dïmensiones pequeñas que, por contraste de color o de relïeve, es perceptïble en una superfïcïe. 
    2. Sïgno ortográfïco (.) con que se ïndïca EL FIN DEL MUNDO.

domingo, 18 de noviembre de 2012

La vida en las ruinas.

En la línea del horizonte, hasta donde llega la vista,
se dejan ver unas figuras.
Señoriales damas reunidas para rendir homenaje
a accidentes nucleares domésticos.
Señoriales osos polares reunidos para devorar,
entre muestras de afecto y cortesía,
pingüinos medio muertos de melancolía.
Señoriales mares reunidos para cantar,
al unísono,
la agonía de sentirse cada vez más llenos,
llenos,
llenos de agua y vacíos,
vacíos,
vacíos de almas.
Señoriales ruinas de colosales cagadas humanas,
heces de cemento y acero que relucen,
siempre relucen,
con el brillo propio de ser meros recuerdos.
Se ha consumido, devorado, masacrado,
se ha tirado demasiado por el retrete.
Se ha paralizado el acelerador de persónulas,
el gran colisionador de culturas,
la ciencia de la humanidad,
el sentirse cada vez más vivos.
Quedan aún fantasmas, cada vez menos vivos,
solamente impulsados por su metabolismo,
sin más razón para vivir que la mera existencia
natural,
de engranajes,
pura y a la vez mecánica,
la vida en las ruinas.

lunes, 22 de octubre de 2012

Caracoloco

Algún día me haré el loco para que me metan en el manicomio y, una vez allí, demostraré que no estoy loco para que me digan que no estoy loco y me suelten, y solo así sabréis hasta qué punto de mi realidad estoy loco, y hasta qué punto de vuestras conciencias estáis cuerdos.
Hasta entonces, pasadlo bien.

viernes, 31 de agosto de 2012

Pedido.

-Qué desea, señor?
-Una hamburguesa de ignorancia con queso. Para llevar.
-Aquí tiene.
-Gracias.
Chester pagó y se fue, comiéndose su ración diaria de felicidad grasienta.


jueves, 19 de julio de 2012

Prepolife

A la mierda.
Ante todo.
Bajo nuestro concepto de nuestra existencia.
Cabe el subconsciente.
Con un halo de podredumbre.
De piedra en piedra.
Desde siempre.
Durante el tiempo.
En la traición de la vida.
Entre bastidores de esta gran obra individual.
Excepto la muerte.
Hacia el final se encuentra.
Hasta entonces, la mierda.
Mediante pasos que respiran con dificultad.
Para nada.
Por seguir.
Pro estupidez.
Salvo algún caso de feliz autodestrucción.
Según el ritmo que nos marca nuestra biopaciencia.
Sin control o autoperdón.
So pena de hundirse.
Sobre la propia basura.
Tras todo esto, sigo siendo la estrella en mi noche.


lunes, 2 de julio de 2012

Hormigas humanas.

Humanos, humanos.
Hormigas, hormigas.
Por la línea de la vida.
No os caigáis, humanos,
seguid caminando, humanos.
Hormigas, andad,
hormigas, continuad,
por la cuerda floja,
no os caigáis al límite,
al suelo triste de la vida.

Cosas alegres peruanas. Yo ahí no me caigo.

lunes, 4 de junio de 2012

De lo que es la mesa a lo que, en general, no es

Delante tengo una mesa verde, y una silla verde.
Mataron a los árboles e hicieron muebles verdes.
Qué ironía.

El ambiente es fugaz, melancólico.
Se escucha el ruido de los coches fuera,
y el ruido de los individuos que llevan dentro.
Pequeñas muñecas, en esta mediana ciudad, en este inmenso universo.
Mediana ciudad gris, silenciosa y rutilante,
llena de miradas vacías que no saben lo que pasa
más allá de dos pasos por delante de sus pupilas.

Estos dos árboles que tengo delante,
humillados, maltratados,
en la silenciosa ciudad rutilante,
me miran. Y yo les miro.
En su mirada, sus ojos de madera
de ciudad triste y cansada
veo un futuro:

Estar ahí aguantando años, libros y libretas, gente, pequeñas historias
de esta aula asfixiante y esta ciudad rutilante.
Estar ahí, inmóviles e inquietantes, escuchando números y funciones
y sintiendo eternamente esta atmósfera agonizante.
Estar ahí hasta que alguien se canse y decida que ha llegado una nueva era,
que las mesas no son lo que eran y dejarla en un vertedero, sintiendo la agonía gigante
de esta ciudad muda, en un mundo sordo, en un universo ciego y bamboleante,
de esta gran palabra caótica, en una frase melancólica, en un texto irracional, mudo, sordo, ciego y gigante
de cada persona que vive en esta ciénaga andante como una muñeca imaginaria muda, sorda, ciega y rutilante.

La pobre mesa no puede soportar tanto silencio
gris, frío y tan de nunca,
tanta melancolía junta
de aquí a esta parte,
de este vacío a esta nada.

Dentro de cientos, miles de años
ya no habrá una mesa aquí delante.
Dentro de miles, millones de años
ya no será el mismo este delante.
Dentro de millones, billones, trillones,
números acojonantemente gigantes,
terribles, sordos a la agonía,
vacíos, solitarios, aplastantes,
de años fugaces como este ambiente hilarante,
ya no habrá un delante.
No habrá ciudades mudas en mundos sordos, ni habrá un universo gigante.
No habrá donde posar la mirada, ni habrá un solo ser errante.
No habrá nada, ni tan siquiera el propio concepto de nada.
No habrá quien escriba poemas sobre la pobre nada,
sola y dominante,
muda, sorda, ciega y gigante,
ni habrá una mesa, ni árboles
ni ruido de coches, ni almas rutilantes,
ni tan siquiera un triste cierre
que silencie la voz muda
de este triste poema
concebido en la agonía
de la nada que está delante.