martes, 11 de marzo de 2014

Del auto-desconocimiento.

Noche

Siento una suave ironía.

Ante mí se perfila el mundo
entendido como las estupideces/sinsentidos
de la gente
que ocultan terribles verdades,
inciertas y relativas,
pero igualmente terribles.

Sobre mí se proyecta mi yo
y descubro que,
en efecto,
es yo mismo,
y me asombro ante mi humanidad.
Luego comprendo que,
aun siendo yo
y viendo al resto desde fuera,
tan distintos de mí, a quien conozco más,
pero a quien, al fin y al cabo,
no conozco.

Y entiendo que soy uno de ellos,
otro montón de mierda
(con sus cosas buenas
o aceptables, al menos)
y sonrío por entender,
o eso creo.

Ahora veo que este texto me recuerda a Pessoa
(sin su genio)
y vuelvo a sonreír porque ele é outra pessoa,
como yo
-aunque él se creyera varias-
y a quién no conozco,
como yo.

Y termino de desvanecerme en la noche,
preso de mi ignorancia, como siempre,
aunque me siento más libre por entender.

Día

Os veo.
Estáis atendiendo a las explicaciones del profesor.
Bien hecho, supongo.
Veo que quizás entendéis lo que dice, quizás no.
No es demasiado relevante,
no creo que os entendáis a vosotros
ni sepáis quiénes sois.
Sé lo que sentíis (aunque igual no sois conscientes del sentimiento).
Sé lo que es asombrarse
cada vez más
de cuánto ignoramos
y lo que es desesperarse por aprender,
sean matemáticas o autoconocimiento
(aunque puede ser que sean lo mismo
con ecuaciones más complejas que la vida
o ecuaciones tan simples como que yo soy yo
o que cada uno es igual al todo).

Será mejor que no le deis demasiada importancia
aunque lleguéis a mis conclusiones.
Yo tampoco.
Al fin y al cabo moriremos
y antes de eso,
todo.

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